¿QUÉ ES LA RESILIENCIA Y CÓMO PODEMOS DESARROLLARLA?

     La resiliencia se define comúnmente como la capacidad que tenemos los humanos de adaptarnos a todos los avatares y situaciones adversas que nos presenta la vida.

La capacidad de ser una persona resiliente no es innata, sino que se puede y se debe desarrollar a medida que vamos adquiriendo herramientas, con nuestras relaciones inter e intra personales y con la variación del contexto.

Las posibles “claves” o “tips” a tener en cuenta para poder desarrollar esta capacidad, son algunos de los siguientes:

  1. Trabajar la autoestima: lo que significa aceptarnos y valorarnos, conocer nuestras herramientas y no infravalorarnos ante situaciones difíciles confiando en nuestro criterio.
  2. Salir de la zona de confort: lo cual conlleva movernos del lugar en el que nos sentimos “seguros” pero no totalmente felices, hacia metas u objetivos que pareciendo a priori más complicados, nos hacen superarnos a nosotros mismos.
  3. Ser realistas: ser capaces de discriminar hasta dónde depende de nosotros y hasta dónde depende de las circunstancias que nos rodean. De nada sirve plantearnos metas imposibles de lograr o hacernos falsas ilusiones esperando que cambie el contexto.
  4. Rodearse de personas que “sumen” en vez de “restar”: saber alejarse de fuentes de conflicto negativas, que van en detrimento de nuestra felicidad, que nos producen ansiedad, que nos restan energías, etc, es una capacidad indispensable para mejorar nuestra adaptación y desarrollo personal, unida a un proceso de buena gestión emocional.
  5. Ser operativos: organizarnos de tal forma que disminuyamos los niveles de ansiedad y podamos trabajar de una manera más fructífera y sana. Priorizando y ordenando nuestras ideas conseguiremos trabajar de una forma más desahogada.
  6. Dedicarse tiempo a uno mismo: el camino hacia el autoconocimiento es imprescindible y a veces no le prestamos toda la atención que requiere. Reservar un hueco todos los días para pensar y estar con nosotros mismos nos ayudará tanto a conocernos como a adaptarnos mejor ante circunstancias adversas.
  7. Reírnos de nosotros mismos y por qué no, de la vida: a veces tomarse las cosas con humor y hacer chistes sobre nosotros mismos puede resultar sumamente beneficioso, en tanto en cuando, la risa es un potente reductor de la tensión emocional.
  8. Las personas resilientes comparten sus actividades con los demás y los animan: no pretenden mejorar pisando al resto, sino que comparten sus ideas, piden consejo e incluyen a los demás en sus proyectos de manera que resulta muy enriquecedor.

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¿QUÉ ES LA ASERTIVIDAD?

       Entendemos la asertividad como la capacidad de expresar nuestros propios pensamientos, opiniones y deseos de una manera tal, que no dañemos al otro.

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Una parte importante de la asertividad es poder mostrar nuestros deseos sin miedo a la reacción del otro, es decir, sin el miedo a ser rechazados por el simple hecho de no pensar igual que la otra persona.

Detrás de un comportamiento no asertivo, podemos encontrar varias causas:

– timidez,

– un exceso de angustia,

– problemas de ansiedad,

– una baja autoestima unida a un bajo concepto de uno mismo,

– miedo a no cumplir las expectativas de los demás,

– miedo a “defraudar” al otro, etc

Lo que es cierto, es que, en lo más interno de nuestra psique, lo que encontramos es el temor a ser “abandonados” mediante el rechazo del Otro.

Un comportamiento no asertivo, nos puede llevar a realizar conductas o decir cosas que ni pensamos ni queremos hacer. Cuando nos encontramos ante esas situaciones en las que callamos, lo que ocurre es que solemos obtener una sensación de frustración, ánimo bajo, ansiedad, etc, lo que puede desembocar en diferente sintomatología como dolor de estómago, presión en el pecho, dolor de cabeza, de espalda, náuseas…

La asertividad no es otra cosa que defender nuestros derechos e ideas de una manera adecuada, y si callamos, inevitablemente sucederá que el deseo no expresado en palabras, saldrá expresado mediante el cuerpo.