MALTRATO DE HIJOS A PADRES

 

 

¿QUÉ ES EL MALTRATO DE HIJOS A PADRES?

Es difícil encontrar una definición unitaria del maltrato de hijos a padres ya que siempre ha suscitado debate y existen diferencias culturales y sociales además de numerosos aspectos a tener en cuenta.

En este sentido, la carencia de investigaciones científicas al respecto dificulta mucho su prevención, ya que hasta ahora, las pocas investigaciones realizadas sobre el tema, han tenido en cuenta tan sólo la agresión física.

Para poder diferenciar un comportamiento rebelde (dentro de los parámetros normales) de un maltrato, tenemos que recurrir al término ABUSO. Según Cottrell (2001), el comportamiento agresivo hacia los padres conlleva una conducta abusiva que lleva a una situación de humillación, acoso y desafío hacia la autoridad de los padres con una clara intención de tomar el poder y causar daño.

Es importante tener en cuenta que, para considerar la conducta como maltrato, es necesario que las agresiones se produzcan de manera reiterada y no que supongan un caso aislado o puntual.

 

TIPOS DE MALTRATO

  1. Físico: hace referencia al contacto directo con la víctima, ya sea con actuaciones como pegar, lanzar objetos, zarandear o empujar.
  2. Psicológico: comprende actuaciones como la humillación, vejación, infravalorar, depreciar, intimidar y usar la violencia verbal hacia los padres.
  3. Emocional: conlleva comportamientos psicopáticos del tipo chantajes, mentiras, manipulaciones y amenazas para hacerse con su objetivo de dominación.
  4. Financiero: comprende conductas como el robo de posesiones de los padres, y deudas a las que los padres han de hacer frente.

A pesar de que no existen grandes diferencias entre el maltrato efectuado por chicos y chicas, si existen algunas puntualizaciones como que los chicos suelen llevar a cabo con mayor frecuencia las agresiones físicas, y las chicas, por otro lado, hacen un mayor uso de la manipulación y el chantaje emocional.

CARACTERÍSTICAS DE LOS PADRES MALTRATADOS

Según las investigaciones más recientes (Gallagher, 2004), existe una mayor probabilidad de que sean las madres las agredidas en vez de los padres. Existen diversas explicaciones para este hecho:

  • Las madres suelen pasar más tiempo con los hijos y por lo tanto, son las que se ocupan en mayor medida de la supervisión, límites y normas, algo que los adolescentes de por sí, no toleran bien. Este hecho puede llevar a un sentimiento de culpabilidad en las madres y flaquear a la hora de poner ciertos límites por miedo a perder el cariño de sus hijos.
  • Las madres suelen ser más débiles desde el punto de vista físico, lo que engrandece al agresor y ella queda atrapada en una situación de abuso.
  • Otro aspecto a tener en cuenta, es que en los hogares en los que ha existido violencia de género, es más probable que se den las agresiones del hijo hacia la madre, por la sencilla razón del modelaje, es decir, de imitar el comportamiento del padre.

En cuento a las características generales que pueden presentar las familias con hijo maltratador encontramos:

  1. Situaciones de estrés a las que la familia no sabe hacer frente: por ejemplo, la crisis económica, el desempleo, la falta de recursos, hace que la familia se torne más vulnerable y los hijos puedan culpabilizar a los padres de dicha situación.
  2. Estilo educacional excesivamente permisivo: es el caso de las familias en las que no existen normas y límites claros y los padres ceden a cualquier petición de los hijos. De esta manera los niños se vuelven caprichosos, no toleran la frustración, no entienden el valor del trabajo y del esfuerzo y esto lleva a una actitud tiránica e ignorante, no sólo con sus padres, sino también en los demás contextos de su vida.
  3. Historia previa de violencia en la familia: cualquier tipo de violencia en la familia, hace que el niño absorba todos los comportamientos y los utilice después, en contra de los padres, ya sea como defensa para evitar una posible agresión futura o como venganza o por imitación.

 

CARACTERÍSTICAS DEL HIJO/A MALTRATADOR

Los adolescentes que utilizan la violencia hacia sus padres, presentan ciertas características comunes que enumeramos a continuación:

  1. Comportamiento impulsivo: derivado de una educación permisiva en la que no han sido enseñados a tolerar la frustración, por lo que quieren todo “aquí y ahora”.
  2. Falta de empatía: es una carencia propia en este tipo de adolescentes, no saben ponerse en el lugar del otro, de manera que poco les importa el impacto doloroso que puedan estar causando sus actitudes en los demás. Es una característica típica de la psicopatía y el comportamiento antisocial, por lo que debemos de tomarlo como una señal de alarma de un posible comportamiento antisocial futuro.
  3. Comportamientos antisociales fuera del hogar: suelen no obedecer las normas sociales e imponer las suyas. Esto les lleva a inmiscuirse en actividades vandálicas como hurtos, robos y agresiones.
  4. Consumo de sustancias: el consumo de sustancias como alcohol, cannabis y otras drogas en edad escolar es un importante predictor de conductas violentas futuras. Esto se explica porque el consumo de dichas sustancias, altera el funcionamiento normal cerebral, distorsionando la percepción.
  5. Fracaso escolar: suelen ausentarse de las clases y no darles ninguna importancia a los estudios, porque debido una vez más a la carencia de normas, entienden que ellos no necesitan aprender nada, porque “ya lo saben todo”.
  6. Grupo de amistades conflictivo: la red de amistades en estas edades ejerce un importante poder, tanto, que llegan a identificarse en mayor medida con el grupo de amigos que con la familia. El grupo de amigos en la adolescencia ocupa un importante lugar en la formación de la identidad, en la escala de valores y en las habilidades sociales. Si el grupo de amistades está inmerso en conductas delictivas y además son consumidores de sustancias pueden llegar a ejercer una influencia terrible.
  7. Machismo: este tipo de adolescentes suelen tener unos estereotipos culturales en los que entienden que el hombre tiene que ejercer control sobre la mujer y que ésta es débil. Esto les lleva a conflictos en el momento en que una mujer (madre, abuela, hermana, tía) intenta poner unas normas o límites ya que las consideran carentes de razón o sabiduría.
  8. Imitación de conductas violentas transmitidas en los medios de comunicación: como la televisión o videojuegos en los que pueden identificarse con el protagonista violento.

 

CÓMO TRABAJAR CON ESTE TIPO DE ADOLESCENTES

  1. Realizar un análisis de las relaciones interpersonales del adolescente y de su contexto.
  2. No ocultar el problema por vergüenza u otros motivos y buscar la ayuda de un profesional en la materia.
  3. Fomentar una educación en igualdad y valores de educación y respeto al otro.
  4. Solucionar los conflictos con formas no violentas y mediante el diálogo y la comprensión.
  5. Crear unas normas y límites claros que se han de cumplir.
  6. Actuar como modelo positivo para los hijos.
  7. Mostrar interés por las actividades de los hijos, por sus amistades, sus aficiones y aportarles un espacio de confianza para que puedan expresarse.
  8. Intentar el desarrollo de un pensamiento crítico, que se cuestione lo que recibe de los medios de comunicación, que busque información sobre sus intereses y vaya formando su propia opinión y escala de valores.
  9. Es importante el trabajo con toda la unidad familiar para que exista un diálogo fructífero y todos puedan expresar sus sentimientos.

 

EL SUICIDIO EN LA ADOLESCENCIA

 

Desgraciadamente en la actualidad, el suicidio es la tercera causa de muerte a nivel europeo entre los adolescentes. Según la OMS (1976), el suicidio es definido como “todo acto por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión, o un daño, con un grado variable de intención de morir, cualquiera que sea el grado de la intención letal o de conocimiento del verdadero móvil”

El hecho de que un adolescente decida acabar con su vida, genera toda una tragedia para su entorno. Es en estos casos en los que familia, profesores y amigos se cuestionan si “podrían haber hecho algo para evitarlo”.

Por ello, arrojar algo de luz sobre el tema y hablar sobre los diferentes factores implicados, puede ayudar a prevenir tan devastador suceso.

 ¿CUÁLES SON LAS POSIBLES CAUSAS?

La adolescencia de por sí es una etapa complicada en la que los jóvenes se ven inundados por multiplicidad de dudas además de los cambios que experimentan tanto a nivel físico como emocional. No debemos pasar por alto que es en esta etapa, en la que suelen conformar su identidad y se plantean qué y quiénes quieren ser.

Algunas de las señales a tener en cuenta como factores de riesgo son las siguientes:

  • Haber sufrido algún tipo de trastorno psicológico previo como depresión, ansiedad o adicciones.
  • Presentar sentimientos de desesperanza a lo largo del tiempo, autoestima baja y dificultades adaptativas.
  • Sufrir o haber sufrido acoso escolar.
  • Haber sufrido abuso en la familia.
  • Dificultades en la identidad sexual o de género y no aceptación por parte del entorno.
  • Excesiva exigencia por parte de sus figuras paternas.

 ¿QUÉ PODEMOS HACER PARA PREVENIRLO?

Como padres, resulta de vital importancia mantener una adecuada comunicación con nuestros hijos. Muchos adolescentes con ideación suicida, muestran señales de alerta antes de llevar a cabo el acto.

Además, en numerosas ocasiones, el suicidio ocurre tras haber experimentado un episodio traumático o estresante como el divorcio de los padres, una ruptura de pareja o el fallecimiento de un familiar o ser querido.

 

“En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: sigue adelante” R. Frost

 

Algunas de las señales a tener en cuenta a la hora de prevenir el suicidio son las que se enumeran a continuación:

  • Que nuestro hijo hable sobre el suicidio de manera reiterada y busque información sobre el tema.
  • Que verbalice la desgana por la vida y su interés por acabar con su vida.
  • Que comunique sentimientos de culpa y tristeza.
  • Que escuche música relacionada con la muerte.
  • Que escriba sobre la muerte.
  • Que lleve a cabo conductas de riesgo.
  • Que presente pérdida de interés por el colegio o instituto y también en sus aficiones.
  • Que notemos cambios en su alimentación y en el sueño.

Ante este tipo de signos, lo mejor es hablar con nuestro hijo, aunque nos resulte difícil. Lo ideal es preguntarle y generar un espacio de confianza en el que el joven se sienta seguro y no atacado. Debemos intentar que nuestro hijo exprese sus sentimientos sin miedo a ser rechazado o a que no le tomen en serio.

 

 

En el caso de que sospechemos que puede estar sucediendo algo grave, como una depresión, lo mejor es que acudamos a un profesional de salud mental como el psiquiatra o el psicólogo. Previamente puede verle el médico de cabecera y considerar su derivación a los servicios de salud mental.

Existen numerosos especialistas en el tema a los que recurrir en caso de duda y que podrán encauzar los sentimientos negativos de nuestros hijos hacia una forma de vida más adaptativa y feliz.

 

EL DIVORCIO Y SUS FASES

 

Muchas parejas cuando llegan a consulta no tienen claro qué es una pareja, o incluso llegan con la idea de demostrar al terapeuta que ellos son o tienen lo que hay que tener para ser una pareja.

Lo que realmente están buscando es que se les proporcione una definición de lo que es la pareja; pero lo que no tienen en cuenta, es que hay tantas definiciones de pareja como parejas existen.

Existe un gran número de parejas que acuden a consulta reclamando terapia familiar en vez de terapia de pareja, esto es porque llegan con un paciente asignado, que suele ser el hijo.

Su queja es sobre el hijo y llegan diciendo que él es el culpable de su malestar. En estos casos, cuando el hijo se emancipa, se dan cuenta que sus problemas se agravan, y que el hijo sólo era una tapadera de lo que son sus problemas reales.

Otras parejas no se atreven a contar ni a dialogar sobre la crisis que viven, otras que ya viven emocionalmente separadas, pero intentan mantener el equilibrio dilatando la agonía.

Otras parejas que luchan y no saben muy bien por qué, las que no han sabido forjar una historia común y se pierden en el camino, otras que han olvidado su historia pasada, parejas que viven camufladas tras innumerables triangulaciones, las que a pesar de varias crisis como infidelidades y bastantes discusiones parecen que siempre se están separando pero no lo hacen.

Las que aun estando separadas mantienen una dependencia enfermiza que no les permite avanzar y parejas que estando también separadas, cada vez que tienen un encuentro intentan seducirse y traen nuevos hijos al mundo en medio de la crisis.

CUÁLES SON LAS ETAPAS DEL DIVORCIO

Período de Litigio

También conocida como pre-rotura. En esta etapa se observan actitudes de alejamiento, la cohesión se va fragmentando aun intentando dar la sensación al exterior de que no hay ningún problema. Se dan sensaciones de fracaso al intentar reconquistar al otro miembro. De esta manera empiezan a aflorar sentimientos de vacío, baja autoestima y desesperanza, que llevan hacia la desesperación.

Período de tregua no agresiva

Predomina la desilusión, distanciamiento y sentimientos de vacío, lo que lleva a peleas y búsqueda de apoyos en el exterior. Se pueden llegar a dar estados disociativos con conductas ansioso-depresivas y necesidad de apoyo permanente.

Período de latencia

Se hace patente la idea de que no se va a arreglar y que la guerra está perdida, por lo que nacen sentimientos de furia, tristeza, melancolía y terrible soledad.

En estas ocasiones suele ser la mujer en la mayoría de ocasiones la que toma la decisión de terminar con la relación. Los datos indican que ninguna mujer tarda más de cuatro años en aceptar lo irreversible de la situación.

Período de deliberación

Normalmente este período es de larga duración. Todos los sentimientos se ven entremezclados haciendo más difícil tomar una decisión.

En este punto la mediación interviene como una negociación en las que ambas partes sean sufridoras del menor dolor posible. El objetivo de la mediación es brindar un proceso en el que las partes puedan educarse a sí mismas con respecto al conflicto e indagar las distintas opciones que tienen para resolverlo.

La mediación enseña a las parejas a separarse y a mantener de igual manera su papel como padres, posibilitando que los hijos mantengan una relación adecuada después de la separación.

 Toma de de decisión

Se da la elaboración de una decisión. La ruptura se hace patente con sentimientos encontrados de frustración y optimismo. Partiendo de una nueva percepción se requiere una nueva motivación para tomar la decisión. Es hora de tomar conciencia del dolor.

Qué motivar en la terapia de pareja

Consiste en la toma de decisión de una forma madura. El objetivo de la terapia debe ser ayudar a los pacientes a que ellos mismos tomen una decisión madura basada en una clara motivación; que sepan al fin y al cabo por qué siguen juntos o por qué deciden separarse.

La pareja que se separa y los rituales de tránsito

Las bodas están disminuyendo mientras las rupturas van en aumento. La experiencia en España muestra que el número de reconciliaciones es muy bajo. En cuanto a los segundos matrimonios, una cuestión de interés es el miedo a repetir los mismos errores, que es un miedo frecuente. Piensan que en el anterior matrimonio el fallo estaba en la otra persona.

Elaboración del duelo

La elaboración del duelo implica poder superar la pérdida y facilitar el tránsito de la misma. El duelo en un divorcio o separación suele ser más duradero que en caso de fallecimiento del cónyuge, la razón es que el seguir viendo a esa persona, manteniendo contacto etc hace más difícil su elaboración y superación, además de las culpabilidades e inseguridades que se ponen en juego.

Postseparación o divorcio

Existen diversos tipos:

– matrimonios separados sin hijos que no tienen contacto entre ellos.

– matrimonios separados sin hijos que mantienen contacto.

-matrimonios separados con hijos en los que uno de los miembros no tiene contacto con los hijos.

– matrimonios separados con hijos en los que no hay contacto entre los cónyuges pero sí de ambos con los hijos.

– matrimonios separados con hijos en las que hay contacto entre todos los miembros.

Como podemos apreciar, las posibilidades son múltiples, de lo que no podemos olvidarnos, es que debemos velar siempre por el bienestar de los menores.