EL SÍNDROME DE BURNOUT O DEL TRABAJADOR QUEMADO

 

Si notas que siempre estás agotado en el trabajo y no encuentras motivación en lo que haces, podrías estar sufriendo burnout

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DE BURNOUT?

Todos hemos sufrido alguna vez sobrecarga, aburrimiento o excesivo cansancio en el trabajo. Incluso en ocasiones, podemos sentir que nuestro esfuerzo no es suficientemente valorado o recompensado. Esto es normal; sin embargo, si este sentimiento se cronifica haciéndose constante en el tiempo, podríamos estar hablando de burnout.

El síndrome de burnout, también conocido como “síndrome del trabajador quemado” es un tipo de estrés asociado al trabajo.

Se considera un trastorno de tipo emocional provocado por el ámbito laboral y el estilo de vida que se lleva. Este síndrome, puede provocar graves consecuencias, tanto físicas como psicológicas.

DIFERENCIA ENTRE ESTRÉS Y BURNOUT

El síndrome de burnout se origina por un estado permanente de cansancio mental, físico y emocional, derivado del estrés excesivo.

El estrés continuo, conlleva la pérdida de motivación por desempeñar bien tu trabajo.

” Tu energía se agota, dejándote en una situación en la que sientes que no puedes dar más de ti”

La diferencia con el estrés, es que éste se origina por unas demandas o presiones externas sobre la persona, pero, aunque esté estresada, puede pensar que si tiene todo en orden y controlado, podrá sentirse mejor.

Por otro lado, en el burnout, la sensación es de desmotivación absoluta, más parecido a un estado depresivo.

En la mayoría de casos, el burnout se deriva de tu trabajo, pero no es el único factor a tener en cuenta. La forma en que gestionas tu tiempo libre y tu descanso también influye.

De este modo, las personas más ansiosas, perfeccionistas y negativas, tendrán mayor probabilidad de sufrir burnout, ya que suelen ser demasiado autoexigentes, les resulta complicado delegar y les es muy difícil relajarse, por lo que la sobrecarga puede resultar excesiva.

CÓMO SABER SI SUFRES BURNOUT

Es de vital importancia saber reconocer las señales para poder evitarlo o prevenirlo. Estas señales son:

  • Sentir que tus días no tienen sentido
  • Tu trabajo te aburre
  • No te sientes útil en lo que haces
  • Consideras que tu trabajo es estúpido
  • Estás la mayor parte del tiempo agotado
  • Presentas dolores de cabeza con frecuencia
  • Tienes dolores de espalda constantes
  • Has experimentado aumentos o disminuciones de peso
  • Tienes insomnio o hipersomnia
  • Tus defensas han disminuido
  • Tienes un comportamiento irritable
  • Aislamiento
  • Sentimiento de tristeza
  • Crisis de angustia
  • Procastinación excesiva

CÓMO ABORDARLO PARA QUE MEJORE

1. El primer paso es aprender a reconocer las señales de alarma y admitir que no estamos bien.

2. Buscar herramientas para el control de la ansiedad y el estrés y verbalizar los sentimientos.

3. Desarrollar nuestra capacidad de resiliencia, aprendiendo a sobreponernos a situaciones adversas.

4. Cuidar nuestra salud física y emocional: dedícate tiempo a ti, cuida tu descanso y lleva una alimentación saludable.

El burnout es un enemigo silencioso que se va haciendo más y más grande si no se le frena a tiempo. Los síntomas son graduales y se agravan con el paso del tiempo pudiendo afectar a nuestra salud, tanto física como emocional, derivando en ocasiones en adicciones, depresión o trastorno de ansiedad.

 

¿QUÉ ES LA RESILIENCIA Y CÓMO PODEMOS DESARROLLARLA?

     La resiliencia se define comúnmente como la capacidad que tenemos los humanos de adaptarnos a todos los avatares y situaciones adversas que nos presenta la vida.

La capacidad de ser una persona resiliente no es innata, sino que se puede y se debe desarrollar a medida que vamos adquiriendo herramientas, con nuestras relaciones inter e intra personales y con la variación del contexto.

Las posibles “claves” o “tips” a tener en cuenta para poder desarrollar esta capacidad, son algunos de los siguientes:

  1. Trabajar la autoestima: lo que significa aceptarnos y valorarnos, conocer nuestras herramientas y no infravalorarnos ante situaciones difíciles confiando en nuestro criterio.
  2. Salir de la zona de confort: lo cual conlleva movernos del lugar en el que nos sentimos “seguros” pero no totalmente felices, hacia metas u objetivos que pareciendo a priori más complicados, nos hacen superarnos a nosotros mismos.
  3. Ser realistas: ser capaces de discriminar hasta dónde depende de nosotros y hasta dónde depende de las circunstancias que nos rodean. De nada sirve plantearnos metas imposibles de lograr o hacernos falsas ilusiones esperando que cambie el contexto.
  4. Rodearse de personas que “sumen” en vez de “restar”: saber alejarse de fuentes de conflicto negativas, que van en detrimento de nuestra felicidad, que nos producen ansiedad, que nos restan energías, etc, es una capacidad indispensable para mejorar nuestra adaptación y desarrollo personal, unida a un proceso de buena gestión emocional.
  5. Ser operativos: organizarnos de tal forma que disminuyamos los niveles de ansiedad y podamos trabajar de una manera más fructífera y sana. Priorizando y ordenando nuestras ideas conseguiremos trabajar de una forma más desahogada.
  6. Dedicarse tiempo a uno mismo: el camino hacia el autoconocimiento es imprescindible y a veces no le prestamos toda la atención que requiere. Reservar un hueco todos los días para pensar y estar con nosotros mismos nos ayudará tanto a conocernos como a adaptarnos mejor ante circunstancias adversas.
  7. Reírnos de nosotros mismos y por qué no, de la vida: a veces tomarse las cosas con humor y hacer chistes sobre nosotros mismos puede resultar sumamente beneficioso, en tanto en cuando, la risa es un potente reductor de la tensión emocional.
  8. Las personas resilientes comparten sus actividades con los demás y los animan: no pretenden mejorar pisando al resto, sino que comparten sus ideas, piden consejo e incluyen a los demás en sus proyectos de manera que resulta muy enriquecedor.

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