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PorAlba Sanchez

Diferentes crisis del ciclo vital

Todos y todas alguna vez hemos oído hablar de las crisis del ciclo vital. Las bromas sobre la famosa crisis de los 40 no pasan desapercibidas… y cierto es que la Psicología también se ha interesado por este tema.

Diferentes psicólogos han postulado teorías acerca de las crisis del ciclo vital. Una de las más conocidas es la de Erikson. Este es un teórico de la personalidad que fundó la «Psicología del yo». Plantea que durante el ciclo vital nos desarrollamos en 8 fases que responden a la necesidad de adaptación del yo. Estas fases son acumulativas. Vamos a conocerlas.

Primera crisis (o-18 meses)–> Confianza VS Desconfianza.

En esta etapa el bebé vive en una dependencia absoluta. Esto quiere decir que depende de otros para satisfacer sus necesidades básicas. Si sus necesidades están cubiertas de forma satisfactoria, el bebé generará una confianza. Por el contrario, si no se satisfacen sus necesidades, el bebé sentirá una desconfianza y visualizará el mundo como un lugar hostil. La satisfacción de sus necesidades es la base de futuras relaciones. Evidentemente, estamos hablando del Apego, el vínculo que une a las personas.

Una forma de satisfacer las necesidades del bebé es respondiendo a las demandas del llanto. Mucho cuidado con seguir o sugerir consejos del tipo «déjale que llore para que aprenda a dormir solo» o «no le cojas, que le acostumbras a brazos». Estos consejos pueden llevar a crear una desconfianza en el bebé.

Segunda crisis (18 meses-3 años)–> Autonomía VS Vergüenza/ Duda.

Como decíamos, las etapas son acumulativas por lo que esta fase depende de la anterior. Un niño al que le han satisfecho sus necesidades y tiene un sentimiento de confianza, podrá ser más autónomo para poder explorar el mundo exterior. No tiene miedo para hacerlo porque el mensaje que se le ha transmitido es que el mundo no es un lugar hostil.

Sin embargo, en el otro extremo estaría un niño dubitativo y vergonzoso. Estos niños no exploran el mundo por la incertidumbre que le genera el no saber quién le podría proteger cuando algo vaya mal.

Tercera crisis (3- 5 años)–> Iniciativa VS Culpa.

Este es el momento en el que el niño quiere hacer cada vez más cosas. Un niño con iniciativa destaca por el dominio, la competencia, los propósitos, las intenciones, la realización de las actividades, etc. Es un individuo que está explorando el ambiente y aprendiendo. Para conseguir todo esto, necesita la aprobación social. Si no la tiene aparece la culpa, disminuyendo la iniciativa y la seguridad en sí mismo. Si falla la aprobación social se convierten en niños tímidos, inseguros y miedosos.

Cuarta crisis (6- 12 años)–> Laboriosidad-inferioridad.

La laboriosidad significa que los niños tratan de aprender las labores de su cultura con éxito. El objetivo de esta etapa es sentirse útil y competente. Un fracaso en esta crisis vital está asociado al sentimiento de inferioridad.

Los niños van evolucionando a un nivel realista de dependencia, es decir, dependen de los demás en las áreas que sea necesaria dicha dependencia. También empiezan a aparecer los iguales. Los iguales son aquellas personas con las que el niño se identifica pero también con las que se compara.

Quinta crisis (La Adolescencia 12-20)–> Identidad VS Confusión de identidad.

La Adolescencia es la etapa en la que un individuo se prepara para ser un adulto. Su duración aproximada es desde los 12 hasta los 20 años, pudiendo variar según la persona.

Un discípulo de Erikson, Marcia, realizó una clasificación de las diferentes formas de vivir la identidad por parte de los adolescentes. La denominó «La tipología del Status de identidad». Cada clasificación consta de dos características: crisis y compromiso. Hasta que no se han vivido estos dos aspectos, según Marcia,  se carece de identidad.

La clasificación es la siguiente:

  1. Difusión de identidad: Las personas en difusión de identidad son aquellas que no han tenido crisis ni compromiso. Huyen de los compromisos y con frecuencia sufren abandono escolar, evaden cualquier tipo de responsabilidad, recurren a tóxicos, etc. No están seguros de sí mismos y no tienen rumbo ni metas.
  2. Exclusión de identidad: Son personas sin crisis que sí tienen compromiso pero con valores que no son suyos. Es decir, la identidad no se ha creado por una crisis personal sino por lo que otros imponen. Aquí aparecen los típicos «que dirán» y «ser como otros desean que seas». Las personas con exclusión de identidad suelen tener unos padres que se involucran demasiado en la crianza de los hijos, evitando expresar diferencias y sin tolerar la discrepancia emocional. Estas personas suelen ser autoritarias, dogmáticas, con ideas firmes. Suelen tener alta obediencia a la autoridad. Tienen locus de control externo, es decir, ponen la responsabilidad de las acciones en el exterior, ya sean otras personas (» es tu culpa», «me han suspendido») como en la suerte o el azar. También suelen ser dependientes y con bajos niveles de ansiedad.
  3. Moratoria de identidad: En este caso si hay crisis pero no tienen compromiso. Son personas que están buscando su identidad. Están enfrentados con sus problemas. Son personas ansiosas, con miedo y muy racionales. Tienen un alto sentido de la moralidad.
  4. Logro de identidad: Son personas que han superado la crisis y tienen compromiso. Tienen valores propios y se han comprometido con algo de forma activa. El estilo de crianza de los padres se caracteriza por estimular la autonomía y permitir las diferencias. Son personas seguras, tienen buena autoestima y un locus de control interno.

Sexta crisis (La Juventud 20-40)–> Intimidad VS Aislamiento.

La intimidad es descrita como la forma de establecer una relación estrecha y mutuamente satisfactoria con otra persona. Consiste en unirse a otro sin perder las cualidades propias. Para ello, es necesario que la persona haya creado su propia identidad. En este sentido, el mito de la media naranja puede hacer mucho daño. Debemos ser naranjas enteras para poder compartir nuestros gajos con otra persona.

En caso de no tener una identidad definida, no podrá unirse con otros. Lo más probable es que le cueste entenderse con otra persona o que se fusione con ella. Finalmente, estarán condenados al aislamiento, ya que la única manera de relacionarse con el otro es desde uno mismo.

Séptima crisis (Edad Adulta intermedia o Madurez 40-65)–> Generatividad VS Estancamiento.

Erikson considera que para superar esta crisis del ciclo vital, las personas en esta etapa tienen que dirigir sus energías hacia el exterior. Es decir, deben preocuparse por dejar un legado a las generaciones siguientes. Caminar y guíar al resto. ¿Cómo podemos identificar si una persona está en generatividad o estancamiento?

Las personas en la posición de generatividad tienen las siguientes características:

  • Se implican en hacer del mundo un lugar mejor
  • Prevalece una actitud auténtica de preocupación por los demás
  • No son personas egocéntricas
  • Tienen experiencias vitales de las que otros pueden aprender
  • Visión positiva de la vida en general
  • Se valoran a sí mismas
  • Equilibran el trabajo y el ocio
  • Toleran el estrés
  • No temen en llegar a la siguiente etapa
  • Muestran su generatividad en tres ámbitos
    1. PROCREATIVO: dan y responden a las necesidades del otro.
    2. PRODUCTIVO: crean productos o ideas.
    3. CREATIVO: hacen aportaciones a la sociedad a gran escala.

Las personas en estancamiento disponen de las siguientes características:

  • Sensación prematura de vejez
  • Pérdida del entusiasmo por la vida
  • Síntomas depresivos
  • Actitud derrotista
  • Se compadecen de sí mismos
  • Piensan que no pueden ofrecer nada a los demás
  • No perciben el valor de ayudar a la generación siguiente
  • Tienen una actitud pasiva y solo ven los fallos del ser humano
  • Uso autoritario del poder
  • Deseo de regresar a una etapa anterior
  • Personas egocéntricas y  rebeldes
  • Sentimientos de llevar una vida insatisfactoria

Antes de finalizar esta etapa, respondemos a la gran pregunta ¿Existe o no existe la crisis de los 40? 

Lo cierto es que EXISTE pero no de forma universal. Es una transición como el resto de crisis del ciclo vital que hemos ido comentando. Esta etapa implica planteamientos, prioridades… pero que una transición se convierta en una crisis estable de esta etapa, depende de las circunstancias individuales y de los recursos personales. Las transiciones siempre pueden dar lugar a un desarrollo positivo o uno negativo y no podemos generalizar.

Esta crisis del ciclo vital trae consigo el darse cuenta de la condición mortal. Muchas personas, ante esta condición, descubren que no han podido cumplir sus sueños de la juventud, o que los han cumplido pero no era como esperaban. Saben que si desean cambiar el rumbo tienen que hacerlo rápido y luchan por reestructurar sus vidas. Es en este momento cuando empieza a ser vivido como una crisis estable característica de esta franja de edad. Esta etapa también es llamada la segunda adolescencia.

Octava crisis (La Vejez)–> Integridad VS Desesperación.

En esta crisis del ciclo vital es necesario integrar lo que se ha vivido en la vida. Al hablar de integridad estamos hablando de coherencia, de dar un sentido a lo que se ha vivido para así poder hacer frente a la muerte. Por el contrario, la desesperación es la sensación de fracaso, de haber perdido oportunidades o el tiempo.

En PsicoTorres estamos formadas en estas técnicas, si crees que podemos ayudarte no dudes en consultarnos. Estamos en calle María Auxiliadora, Nº74, 2ºB y María Auxiliadora Nº 55, Entreplanta 1. Llámanos al 653234336.

PorDra. Carolina Torres

MALTRATO DE HIJOS A PADRES

 

 

¿QUÉ ES EL MALTRATO DE HIJOS A PADRES?

Es difícil encontrar una definición unitaria del maltrato de hijos a padres ya que siempre ha suscitado debate y existen diferencias culturales y sociales además de numerosos aspectos a tener en cuenta.

En este sentido, la carencia de investigaciones científicas al respecto dificulta mucho su prevención, ya que hasta ahora, las pocas investigaciones realizadas sobre el tema, han tenido en cuenta tan sólo la agresión física.

Para poder diferenciar un comportamiento rebelde (dentro de los parámetros normales) de un maltrato, tenemos que recurrir al término ABUSO. Según Cottrell (2001), el comportamiento agresivo hacia los padres conlleva una conducta abusiva que lleva a una situación de humillación, acoso y desafío hacia la autoridad de los padres con una clara intención de tomar el poder y causar daño.

Es importante tener en cuenta que, para considerar la conducta como maltrato, es necesario que las agresiones se produzcan de manera reiterada y no que supongan un caso aislado o puntual.

 

TIPOS DE MALTRATO

  1. Físico: hace referencia al contacto directo con la víctima, ya sea con actuaciones como pegar, lanzar objetos, zarandear o empujar.
  2. Psicológico: comprende actuaciones como la humillación, vejación, infravalorar, depreciar, intimidar y usar la violencia verbal hacia los padres.
  3. Emocional: conlleva comportamientos psicopáticos del tipo chantajes, mentiras, manipulaciones y amenazas para hacerse con su objetivo de dominación.
  4. Financiero: comprende conductas como el robo de posesiones de los padres, y deudas a las que los padres han de hacer frente.

A pesar de que no existen grandes diferencias entre el maltrato efectuado por chicos y chicas, si existen algunas puntualizaciones como que los chicos suelen llevar a cabo con mayor frecuencia las agresiones físicas, y las chicas, por otro lado, hacen un mayor uso de la manipulación y el chantaje emocional.

CARACTERÍSTICAS DE LOS PADRES MALTRATADOS

Según las investigaciones más recientes (Gallagher, 2004), existe una mayor probabilidad de que sean las madres las agredidas en vez de los padres. Existen diversas explicaciones para este hecho:

  • Las madres suelen pasar más tiempo con los hijos y por lo tanto, son las que se ocupan en mayor medida de la supervisión, límites y normas, algo que los adolescentes de por sí, no toleran bien. Este hecho puede llevar a un sentimiento de culpabilidad en las madres y flaquear a la hora de poner ciertos límites por miedo a perder el cariño de sus hijos.
  • Las madres suelen ser más débiles desde el punto de vista físico, lo que engrandece al agresor y ella queda atrapada en una situación de abuso.
  • Otro aspecto a tener en cuenta, es que en los hogares en los que ha existido violencia de género, es más probable que se den las agresiones del hijo hacia la madre, por la sencilla razón del modelaje, es decir, de imitar el comportamiento del padre.

En cuento a las características generales que pueden presentar las familias con hijo maltratador encontramos:

  1. Situaciones de estrés a las que la familia no sabe hacer frente: por ejemplo, la crisis económica, el desempleo, la falta de recursos, hace que la familia se torne más vulnerable y los hijos puedan culpabilizar a los padres de dicha situación.
  2. Estilo educacional excesivamente permisivo: es el caso de las familias en las que no existen normas y límites claros y los padres ceden a cualquier petición de los hijos. De esta manera los niños se vuelven caprichosos, no toleran la frustración, no entienden el valor del trabajo y del esfuerzo y esto lleva a una actitud tiránica e ignorante, no sólo con sus padres, sino también en los demás contextos de su vida.
  3. Historia previa de violencia en la familia: cualquier tipo de violencia en la familia, hace que el niño absorba todos los comportamientos y los utilice después, en contra de los padres, ya sea como defensa para evitar una posible agresión futura o como venganza o por imitación.

 

CARACTERÍSTICAS DEL HIJO/A MALTRATADOR

Los adolescentes que utilizan la violencia hacia sus padres, presentan ciertas características comunes que enumeramos a continuación:

  1. Comportamiento impulsivo: derivado de una educación permisiva en la que no han sido enseñados a tolerar la frustración, por lo que quieren todo “aquí y ahora”.
  2. Falta de empatía: es una carencia propia en este tipo de adolescentes, no saben ponerse en el lugar del otro, de manera que poco les importa el impacto doloroso que puedan estar causando sus actitudes en los demás. Es una característica típica de la psicopatía y el comportamiento antisocial, por lo que debemos de tomarlo como una señal de alarma de un posible comportamiento antisocial futuro.
  3. Comportamientos antisociales fuera del hogar: suelen no obedecer las normas sociales e imponer las suyas. Esto les lleva a inmiscuirse en actividades vandálicas como hurtos, robos y agresiones.
  4. Consumo de sustancias: el consumo de sustancias como alcohol, cannabis y otras drogas en edad escolar es un importante predictor de conductas violentas futuras. Esto se explica porque el consumo de dichas sustancias, altera el funcionamiento normal cerebral, distorsionando la percepción.
  5. Fracaso escolar: suelen ausentarse de las clases y no darles ninguna importancia a los estudios, porque debido una vez más a la carencia de normas, entienden que ellos no necesitan aprender nada, porque “ya lo saben todo”.
  6. Grupo de amistades conflictivo: la red de amistades en estas edades ejerce un importante poder, tanto, que llegan a identificarse en mayor medida con el grupo de amigos que con la familia. El grupo de amigos en la adolescencia ocupa un importante lugar en la formación de la identidad, en la escala de valores y en las habilidades sociales. Si el grupo de amistades está inmerso en conductas delictivas y además son consumidores de sustancias pueden llegar a ejercer una influencia terrible.
  7. Machismo: este tipo de adolescentes suelen tener unos estereotipos culturales en los que entienden que el hombre tiene que ejercer control sobre la mujer y que ésta es débil. Esto les lleva a conflictos en el momento en que una mujer (madre, abuela, hermana, tía) intenta poner unas normas o límites ya que las consideran carentes de razón o sabiduría.
  8. Imitación de conductas violentas transmitidas en los medios de comunicación: como la televisión o videojuegos en los que pueden identificarse con el protagonista violento.

 

CÓMO TRABAJAR CON ESTE TIPO DE ADOLESCENTES

  1. Realizar un análisis de las relaciones interpersonales del adolescente y de su contexto.
  2. No ocultar el problema por vergüenza u otros motivos y buscar la ayuda de un profesional en la materia.
  3. Fomentar una educación en igualdad y valores de educación y respeto al otro.
  4. Solucionar los conflictos con formas no violentas y mediante el diálogo y la comprensión.
  5. Crear unas normas y límites claros que se han de cumplir.
  6. Actuar como modelo positivo para los hijos.
  7. Mostrar interés por las actividades de los hijos, por sus amistades, sus aficiones y aportarles un espacio de confianza para que puedan expresarse.
  8. Intentar el desarrollo de un pensamiento crítico, que se cuestione lo que recibe de los medios de comunicación, que busque información sobre sus intereses y vaya formando su propia opinión y escala de valores.
  9. Es importante el trabajo con toda la unidad familiar para que exista un diálogo fructífero y todos puedan expresar sus sentimientos.

 

PorDra. Carolina Torres

EL SUICIDIO EN LA ADOLESCENCIA

 

Desgraciadamente en la actualidad, el suicidio es la tercera causa de muerte a nivel europeo entre los adolescentes. Según la OMS (1976), el suicidio es definido como “todo acto por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión, o un daño, con un grado variable de intención de morir, cualquiera que sea el grado de la intención letal o de conocimiento del verdadero móvil”

El hecho de que un adolescente decida acabar con su vida, genera toda una tragedia para su entorno. Es en estos casos en los que familia, profesores y amigos se cuestionan si “podrían haber hecho algo para evitarlo”.

Por ello, arrojar algo de luz sobre el tema y hablar sobre los diferentes factores implicados, puede ayudar a prevenir tan devastador suceso.

 ¿CUÁLES SON LAS POSIBLES CAUSAS?

La adolescencia de por sí es una etapa complicada en la que los jóvenes se ven inundados por multiplicidad de dudas además de los cambios que experimentan tanto a nivel físico como emocional. No debemos pasar por alto que es en esta etapa, en la que suelen conformar su identidad y se plantean qué y quiénes quieren ser.

Algunas de las señales a tener en cuenta como factores de riesgo son las siguientes:

  • Haber sufrido algún tipo de trastorno psicológico previo como depresión, ansiedad o adicciones.
  • Presentar sentimientos de desesperanza a lo largo del tiempo, autoestima baja y dificultades adaptativas.
  • Sufrir o haber sufrido acoso escolar.
  • Haber sufrido abuso en la familia.
  • Dificultades en la identidad sexual o de género y no aceptación por parte del entorno.
  • Excesiva exigencia por parte de sus figuras paternas.

 ¿QUÉ PODEMOS HACER PARA PREVENIRLO?

Como padres, resulta de vital importancia mantener una adecuada comunicación con nuestros hijos. Muchos adolescentes con ideación suicida, muestran señales de alerta antes de llevar a cabo el acto.

Además, en numerosas ocasiones, el suicidio ocurre tras haber experimentado un episodio traumático o estresante como el divorcio de los padres, una ruptura de pareja o el fallecimiento de un familiar o ser querido.

 

“En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: sigue adelante” R. Frost

 

Algunas de las señales a tener en cuenta a la hora de prevenir el suicidio son las que se enumeran a continuación:

  • Que nuestro hijo hable sobre el suicidio de manera reiterada y busque información sobre el tema.
  • Que verbalice la desgana por la vida y su interés por acabar con su vida.
  • Que comunique sentimientos de culpa y tristeza.
  • Que escuche música relacionada con la muerte.
  • Que escriba sobre la muerte.
  • Que lleve a cabo conductas de riesgo.
  • Que presente pérdida de interés por el colegio o instituto y también en sus aficiones.
  • Que notemos cambios en su alimentación y en el sueño.

Ante este tipo de signos, lo mejor es hablar con nuestro hijo, aunque nos resulte difícil. Lo ideal es preguntarle y generar un espacio de confianza en el que el joven se sienta seguro y no atacado. Debemos intentar que nuestro hijo exprese sus sentimientos sin miedo a ser rechazado o a que no le tomen en serio.

 

 

En el caso de que sospechemos que puede estar sucediendo algo grave, como una depresión, lo mejor es que acudamos a un profesional de salud mental como el psiquiatra o el psicólogo. Previamente puede verle el médico de cabecera y considerar su derivación a los servicios de salud mental.

Existen numerosos especialistas en el tema a los que recurrir en caso de duda y que podrán encauzar los sentimientos negativos de nuestros hijos hacia una forma de vida más adaptativa y feliz.