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PorAlba Sánchez Morán

Tiempo de reflexionar

El confinamiento total está llegando a su fin y es tiempo de reflexionar. Poco a poco, según la comunidad autónoma, vamos recuperando hábitos y acercándonos a lo que se está denominando la «nueva normalidad». Sería bueno pararnos a reflexionar, echar la vista atrás y hacer un análisis de cómo nos hemos sentido durante este tiempo. ¿Qué nos ha costado más? ¿Qué hemos o estamos echando de menos? y también preguntarnos sobre ¿Qué nos ha gustado de nuestra nueva rutina? De toda adversidad se pueden sacar grandes aprendizajes, sería interesante analizar sobre cómo hemos estado viviendo antes de la pandemia, cómo hemos vivido durante ella y cómo nos gustaría vivir tras superarla.

Muchas son las personas que nos han comentado en terapia que lo están viviendo como una crisis personal. Nunca antes habían tenido tiempo de parar, de estar con ellos mismos y les está sirviendo para conectar con su propia individualidad. A algunas personas, el confinamiento les está sirviendo para darse cuenta de las sombras de las que intentaban escapar. La hiperactividad, momentáneamente, nos ayuda a escapar de nosotros mismos, pero es un simple parche. Lo que no se resuelve, vuelve. No mirar de cara a nuestros conflictos internos nos condena a tropezar con las mismas piedras, repetir patrones o cometer los mismos errores.

Es tiempo de reflexionar sobre nuestro estilo de vida, si queremos conformarnos con «la mera vida» (como diría el famoso filósofo Byung-Chul Han) en la que somos esclavos de nosotros mismos, o queremos empezar a caminar hacia la verdadera libertad. Lanzamos unas preguntas:

libertad¿Qué es ser libre? ¿Crees que lo eres? ¿Qué crees que podrías hacer para acercarte a tu idea de libertad?

Muchas veces la libertad está en las pequeñas cosas, como por ejemplo, en la capacidad de decir NO. En la sociedad del  rendimiento y del «puedo con todo» el no poder poder crea culpa y sentimientos de fracaso que pueden derivar en una depresión del «éxito».

¿Qué es el éxito? ¿Te consideras una persona con éxito? ¿Qué crees que podrías hacer para tener éxito?

Tiempo de reflexionar sobre la psicopatología contemporánea

  • Fobia a pensar, debilidad del pensamiento o pensamiento light.

Ahora ya no tenemos que buscar la información, hablamos a nuestro móvil para que en un micro segundo nos exponga a un atracón informativo. No revisamos la fuente y cualquier fake news es plausible para nosotros. Todos somos expertos de cualquier tema. En esto consiste el «Efecto de Dunning-Kruger», podéis profundizar sobre este tema en el siguiente artículo–> ¿Por qué la gente opina de todo sin tener ni idea?

  • Narcisismo o inflamación del yo como coraza cuando por dentro existe un yo frágil o fragmentado. O Megalomanía compatible con el odio a sí mismo.

Instagram nos ayuda a ponerle un filtro a la vida y nos hace creer que nuestra autoestima se mide en «likes». ¿Somos tan guapos como nuestros «likes»? ¿Somos tan queridos como seguidores tenemos? ¿Cuántas veces has pensado que te encantaría ir por la vida con el filtro de Instagram? ¿Cuántas veces te has sentido triste por compararte con la foto que ha subido una persona? ¿Alguna vez has pensado que te gustaría que tu vida fuera tan interesante como la que muestra otra persona a través de sus fotos?

¿Cuántas veces has sentido que tienes una careta puesta? ¿Has dicho alguna «mentira piadosa» por vergüenza a la verdad? ¿Cuántas veces has dicho que estás bien cuando no lo estás? ¿Cuántas veces has querido aparentar una imagen en la que tú mismo no te reconoces?  ¿Intentas fingir ser unos valores o una persona que no eres? ¿Muestras una imagen de dureza por miedo a que te hagan daño?

  • Impulsividad, impaciencia, satisfacción inmediata acompañado de la negación de límites, dependencia hedonista e intolerancia a la caducidad.

Estos son otros de los rasgos característicos que priman en nuestra sociedad. Perjudican mucho a la forma de vincularnos. Queremos cuentos Disney, comer perdices y ser felices para siempre. Nos hemos creído que eso es posible y rechazamos todo lo que tenga que ver con el esfuerzo o sacrificio. Las relaciones serias nos abruman, huimos de los conflictos y el mejor consejo que le damos a los amigos es un «no te rayes». No hay tiempo para la tristeza, el análisis, la reflexión, la paciencia, la espera, el silencio, la incertidumbre, la duda. Todo esto nos genera un terrible rechazo.

  • Problemas de identidad.

Como no existe el tiempo de estar con nosotros mismos, no sabemos quiénes somos, ni quiénes hemos sido, ni quiénes queremos ser. Deambulamos dejándonos llevar por lo que se supone que tenemos que hacer a la edad que nos toca. Asimismo, si no cumplimos esos estándares somos unos fracasados o la oveja negra de la familia.

  • Victimización e infantilismo donde expulsamos la queja y responsabilidad fuera de nosotros mismos.

  • Vacío interior, temor al fracaso, hostilidad e irritabilidad todo ello acompañado de una bajísima tolerancia a la frustración.

  • Relativismo moral y subjetivismo referencial donde la verdad ha sido sustituida por «mi verdad».

Psicotorres

En PsicoTorres tienes un lugar para reencontrarte con tus luces y sombras. Es un lugar de reflexión y análisis. Podemos acompañarte con las dificultades que estés viviendo. Pide cita previa a través del número de teléfono: 653234336. Te acompañamos tanto en terapia presencial como en terapia on line.

PorDra. Carolina Torres

EL PROBLEMA DE LAS REDES SOCIALES

Hoy en día, la importancia de nuestra imagen en la sociedad occidental es altísima. Nos bombardean con imágenes de lo que deberíamos ser y cómo. Podemos pasar mucho tiempo cuidando de que nuestra imagen se adapte a esos cánones impuestos por la sociedad, mirándonos en el espejo, ya sea real o virtual, como en el caso de las redes sociales.

En “Tótem y Tabú” hablaba Freud del sentimiento de pertenencia, esto es algo que aparece candente en nuestra sociedad, y por tanto, en las redes sociales. De manera que existen grupos a los que unirte que comparten ideas similares a las nuestras. Como dice Freud en su texto “Tótem y Tabú”: “Kinshi, significa formar parte de una sustancia común, y en esa sustancia común está nuestro uso del ciberespacio.

necesitamos vernos reflejados para encontrar nuestra identidad, y así formarnos el reflejo que queremos que los demás vean.

 

Las redes sociales son un espacio en el que mostrarte, pero mostrar aquello que tú eliges, para dar cierta imagen real o no de uno mismo. Colgamos fotos de nuestra vida y en el apartado llamado “estado” lo utilizamos de diferentes formas: como espacio de reflexión, reivindicativo, para pedir consejo, para explicar cómo nos encontramos, para llamar la atención…incluso hay personas que actualiza dicho estado constantemente y cuentan hasta lo que van a comer, cómo se han duchado o lo que están haciendo en cada instante.

Pero lo realmente relevante de las redes sociales no es lo que exponga, sino cómo los demás reaccionan a los comentarios que posteamos o fotos y así poder comprobar el efecto que tenemos en los demás. Es decir, el Otro (en este caso virtual), es el que nos va a devolver la imagen de cuán guapo, listo o fuerte soy, etc.

De manera que así, la persona es el centro de la experiencia, porque lo que le lleva a invertir más tiempo en las redes sociales. Así, en esta virtualidad, la persona entraría de manera inconsciente en un juego donde el anonimato y el uso de su falso self serían de alguna forma el objeto narcisista de placer y los amigos, serían el objeto de amor.

Hablamos de ese “yo virtual” que mostramos, que no deja de ser nuestro “ideal del yo”. La formación del ideal del yo parte de la influencia crítica de los padres, a la que en el tiempo se suman educadores, maestros, y todas las otras personas del medio, incluyendo claro está, la presión social.

Esta utilización feroz del espacio virtual como extensión de nuestra realidad, se ha vuelto tanto moda como necesidad, fruto de nuestra cultura, y constituye una respuesta ante el malestar en la cultura, ya que es una forma de evasión del día a día en la que encuentras libertad para hacer y ser quien quieras ser.

Este espacio virtual provee de una pertenencia al grupo, mundo, etc y le da cierta identidad, ya que en el mundo virtual podemos fingir ser lo que se nos ocurra, y ambas personalidades coexisten al mismo tiempo: la real y la virtual, por lo que nos puede generar ciertos problemas de identidad.

Además, vivimos en la era de lo instantáneo, hoy día tenemos lo que deseamos en un solo clic. La velocidad se ha convertido en nuestra bandera. Hoy día todo conspira contra e descanso y la lentitud, que hoy representan sendos equivalentes del fracaso. Hasta el ocio se ha convertido poco a poco en una obligación inexcusable que no se puede postergar.

Tal y como apunta el psiquiatra Fernando Colina, la aceleración del tiempo nos obliga a no rendir en el deseo, a mantenerlo siempre despierto y a quejarnos como nunca de sus momentos de flaqueza, a los que llamamos “depresión”, experiencia que ha alcanzado la categoría de síntoma por excelencia en la era moderna.

Además, hoy día el deseo se vive al desnudo, cada vez la censura es menor y mucho menos en los espacios virtuales. Regalamos nuestra intimidad a personas y empresas que desconocemos.

 

Gracias al anonimato que proporciona el ciberespacio, se pierden los límites habitualmente seguidos. De manera que podemos dar rienda suelta a nuestro Ello, dotándole de la posibilidad de satisfacción pulsional, de descarga de tensión. Como todo se desarrolla en un universo virtual, la percepción de las posibles consecuencias de los actos se nota lejana, a tal grado que el Súper Yo puede relajarse y permitir el fortalecimiento del Ello a la par que una disolución del yo individual, a favor de una estructura de masas.

Freud, en su escrito “Psicología de las masas y análisis del yo” habla de la inhibición de lo intelectual y la intensificación de lo afectivo, lo que se pone de manifiesto también en las redes sociales, que la guía que motiva al individuo a actuar es de tipo más emocional que racional.

Además, esta necesidad casi a veces compulsiva de mantener actualizada nuestra presencia en el ciberespacio, va limitando nuestra personalidad, y también nuestra libertad, en tanto esa actualización requiere tiempo y energía física. De hecho, esta afición a las redes sociales puede llegar incluso a generar cierta sensación de “peligro” si uno decide abandonarlas, en tanto que eso implicaría nuestra desaparición del universo…del universo virtual pero que en la mente del individuo se va equiparando cada vez más al real.

 

 

Todo ello está llevando a que nuestra capacidad de frustración se vaya minimizando a pasos agigantados, ya que nos vamos acostumbrando a tenerlo todo a un “click”.