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PorAlba Sánchez Morán

Duelo por COVID-19

Esta pandemia, además de una gran crisis sanitaria y económica nos ha traído una gran crisis emocional y nuevos horizontes psicológicos como es el duelo por COVID-19. Además, cada persona, en estos momentos, está luchando su propia batalla interna. Hemos tenido que parar nuestra forma de vivir y readaptarnos a las nuevas circunstancias. Los sanitarios combatiendo el virus en primera linea, también los trabajadores que se dedican a sectores de primera necesidad están expuestos al contagio. Por otro lado, los afectados, los familiares de los afectados y los seres queridos de los fallecidos. El coronavirus nos hace mirar de cara a la muerte en una sociedad tan tanatofóbica como la nuestra. Todos tenemos motivos para sentir miedo, angustia, tristeza, melancolía, dolor…

El COVID-19 nos recuerda nuestra condición de mortalidad, que el tiempo es efímero, que no se puede dejar todo para mañana y menos una conversación importante. Nos recuerda que es lo verdaderamente ESENCIAL. También nos enseña sobre que es lo que nos hace vibrar por dentro y da sentido a nuestra vida. Asimismo, las emociones que, en principio, nos resultan desagradables son adaptativas y necesarias para atravesar el túnel. El túnel es el proceso de duelo.

¿Qué es el duelo?

Como bien comentaron nuestros compañeros de PSICOSANA en su post, «el duelo en tiempos de cuarentena por coronavirus», cuando hablamos de duelo hablamos de pérdida, no solo de muerte. Desde que nacemos estamos expuestos a múltiples duelos: pérdidas de amistades, trabajos, salud, rupturas sentimentales, fallecimientos, etc. Sin embargo, vamos a centrarnos a lo largo de este post en el duelo por COVID-19.

Freud habla de la elaboración del duelo como un trabajo. Un trabajo que consiste en aceptar la nueva realidad. Es un proceso lleno de dolor, no se puede elaborar el duelo sin dolor. También es un proceso de aceptación, tenemos que aceptar que la realidad no es como nosotros queremos. Para ello necesitamos conectar con nuestra emoción, permitirnos sentir.

dolor

En el duelo hay distintas fases pero no son lineales ni universales

Existen una serie de fases comunes, pero no significa que todos pasemos por todas ellas ni de la misma forma. Lo más común es una ambivalencia en las emociones. Tampoco es correcto ponerle una «fecha» al duelo, depende de muchos factores como el tipo de vínculo, la forma de la muerte, etc.

  1. Negación: al conocer la noticia, una reacción muy común y normal es quedarnos en una especie de shock emocional. Tener la sensación de que no nos podemos creer lo que acaba de pasar. El lenguaje también nos puede dar información de que estamos en esta fase. Sería cuando seguimos hablando de esa persona como si estuviera viva todavía, «es una persona maravillosa», en lugar de hablar en pasado.
  2. Ira: es totalmente normal tener una sensación de enfado, ya sea con nosotros mismos, con la persona fallecida por irse y/o con otras personas. Es como si nuestra mente necesitara encontrar culpables.
  3. Negociación: en esta fase existe una fantasía de control, como si pudiéramos negociar con la muerte para que no suceda.
  4. Depresión: empezamos a ser conscientes de la realidad y aparecen síntomas similares a la depresión. Existe una profunda tristeza y tendencia al aislamiento.
  5. Aceptación: muy poco a poco se va aceptando la realidad y uno mismo se va permitiendo salir del túnel y empezar a disfrutar. Se puede empezar a recordar con una sonrisa en lugar de lágrimas.

¿Por qué es más complicado el duelo por COVID-19?

En primer lugar, la forma en la que fallece la persona hace que sea más dolorosa la pérdida. Actualmente, están cambiando las indicaciones en cuanto al momento de la muerte y están permitiendo ver al fallecido a algunas personas. Sin embargo, se aleja mucho de lo que hubiéramos deseado. No poder ver a la persona fallecida dificulta aceptar la realidad de la pérdida. 

Por otro lado, las personas que pierden a un ser querido en estos tiempos viven su duelo en soledadEste hecho dificulta la posibilidad de dar expresión a los sentimientos y abrirse al dolor. Necesitamos cercanía y muestras de afecto de nuestros seres queridos. El apoyo emocional recibido en los primeros momentos es fundamental, debido al COVID-19 no podemos tenerlo físicamente, lo que hace que aplacemos nuestro dolor. Podemos tener miedo a enfrentarnos a la oscuridad.

Los rituales nos ayudan simbólicamente a despedirnos de la persona que ha fallecido. El hecho de no poder realizarlos como nos gustaría también puede ser fruto de un mayor dolor. Es recomendable que sigamos haciendo rituales dentro de nuestras posibilidades actuales. Están empezando a trabajar realizando tanatorios virtuales donde habrá una sala de despedida que puede ayudar a elaborar la pérdida.  Asimismo, habrá un libro de despedida donde se podrá escribir o un libro destinado para escribir anécdotas sobre el fallecido, el humor es una gran herramienta que ayuda a colocar el dolor.

Duelo por COVID-19

 

Es muy importante pedir ayuda psicológica en el duelo por COVID-19

El duelo es un problema emocional, subjetivo e ilógico, no hay que intentar dar una solución racional, lógica o formal. El objetivo de la terapia psicológica está dirigido a integrar la pérdida, es decir, poder recordar al ser querido con una tristeza sostenible.

Los dolientes por COVID-19 son equilibristas sin red, no cuentan con el apoyo necesario para poder sostener su dolor. Cualquier herramienta con la que se pueda contar es poca. El objetivo de la terapia psicológica también es sostener el dolor para evitar el sufrimiento. El sufrimiento es todo malestar «extra» causado por un manejo disfuncional en el proceso del duelo. La terapia es un lugar donde poder conectar con la pérdida y con todo el dolor que conlleva. Los psicólogos somos los copilotos del viaje, no decimos donde ir, no pisamos el acelerador, ni cogemos el volante. Nosotros podemos sugerir que cuando viene una curva y se va demasiado rápido puede ser peligroso, pero el doliente decide. El proceso del duelo es una montaña rusa desordenada en la que nosotros acompañamos.

En PsicoTorres podemos acompañar en la pérdida. Puedes contactar con nosotros a través del 653234336. Seguimos a tu lado de forma online. Llama y te informamos de todo.

PorDra. Carolina Torres

EL SUICIDIO EN LA ADOLESCENCIA

 

Desgraciadamente en la actualidad, el suicidio es la tercera causa de muerte a nivel europeo entre los adolescentes. Según la OMS (1976), el suicidio es definido como “todo acto por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión, o un daño, con un grado variable de intención de morir, cualquiera que sea el grado de la intención letal o de conocimiento del verdadero móvil”

El hecho de que un adolescente decida acabar con su vida, genera toda una tragedia para su entorno. Es en estos casos en los que familia, profesores y amigos se cuestionan si “podrían haber hecho algo para evitarlo”.

Por ello, arrojar algo de luz sobre el tema y hablar sobre los diferentes factores implicados, puede ayudar a prevenir tan devastador suceso.

 ¿CUÁLES SON LAS POSIBLES CAUSAS?

La adolescencia de por sí es una etapa complicada en la que los jóvenes se ven inundados por multiplicidad de dudas además de los cambios que experimentan tanto a nivel físico como emocional. No debemos pasar por alto que es en esta etapa, en la que suelen conformar su identidad y se plantean qué y quiénes quieren ser.

Algunas de las señales a tener en cuenta como factores de riesgo son las siguientes:

  • Haber sufrido algún tipo de trastorno psicológico previo como depresión, ansiedad o adicciones.
  • Presentar sentimientos de desesperanza a lo largo del tiempo, autoestima baja y dificultades adaptativas.
  • Sufrir o haber sufrido acoso escolar.
  • Haber sufrido abuso en la familia.
  • Dificultades en la identidad sexual o de género y no aceptación por parte del entorno.
  • Excesiva exigencia por parte de sus figuras paternas.

 ¿QUÉ PODEMOS HACER PARA PREVENIRLO?

Como padres, resulta de vital importancia mantener una adecuada comunicación con nuestros hijos. Muchos adolescentes con ideación suicida, muestran señales de alerta antes de llevar a cabo el acto.

Además, en numerosas ocasiones, el suicidio ocurre tras haber experimentado un episodio traumático o estresante como el divorcio de los padres, una ruptura de pareja o el fallecimiento de un familiar o ser querido.

 

“En dos palabras puedo resumir cuanto he aprendido acerca de la vida: sigue adelante” R. Frost

 

Algunas de las señales a tener en cuenta a la hora de prevenir el suicidio son las que se enumeran a continuación:

  • Que nuestro hijo hable sobre el suicidio de manera reiterada y busque información sobre el tema.
  • Que verbalice la desgana por la vida y su interés por acabar con su vida.
  • Que comunique sentimientos de culpa y tristeza.
  • Que escuche música relacionada con la muerte.
  • Que escriba sobre la muerte.
  • Que lleve a cabo conductas de riesgo.
  • Que presente pérdida de interés por el colegio o instituto y también en sus aficiones.
  • Que notemos cambios en su alimentación y en el sueño.

Ante este tipo de signos, lo mejor es hablar con nuestro hijo, aunque nos resulte difícil. Lo ideal es preguntarle y generar un espacio de confianza en el que el joven se sienta seguro y no atacado. Debemos intentar que nuestro hijo exprese sus sentimientos sin miedo a ser rechazado o a que no le tomen en serio.

 

 

En el caso de que sospechemos que puede estar sucediendo algo grave, como una depresión, lo mejor es que acudamos a un profesional de salud mental como el psiquiatra o el psicólogo. Previamente puede verle el médico de cabecera y considerar su derivación a los servicios de salud mental.

Existen numerosos especialistas en el tema a los que recurrir en caso de duda y que podrán encauzar los sentimientos negativos de nuestros hijos hacia una forma de vida más adaptativa y feliz.