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PorDra. Carolina Torres

AUTOCUIDADO EN ÉPOCA DE CONFINAMIENTO

#YOMEQUEDOENCASA

 

Todos estamos viviendo una situación compleja y de mucha incertidumbre con la pandemia del coronavirus. Estamos ante una situación novedosa y es normal reaccionar emocionalmente, con angustia, miedo, rabia, tristeza, anticipando, etc.

Estamos inmersos de lleno en un proceso en el que necesitamos tiempo de adaptación, porque como decimos, es una situación nueva. Para poder sobrellevarlo sin que nos veamos desbordados por las emociones, es de suma importancia realizar actividades de rutina y autocuidado.

 

  1. Mantener la higiene: que estemos en casa, no quiere decir que descuidemos nuestro aspecto e higiene. Es importante mirarnos al espejo y recibir una buena imagen de nosotros. Debemos ducharnos a diario, y cambiarnos de ropa para desempeñar diferentes tareas a lo largo del día. No es lo mismo el atuendo para estudiar, o teletrabajar, que para hacer deporte o cocinar, o tumbarnos a descansar.
  2. Mantén rutinas: el mantener rutinas nos va a ayudar a no perdernos en el abismo del aburrimiento y el qué hacer. Intenta escapar del sofá y mantén actividades: si estás teletrabajando estarás siguiendo un horario, y en el caso de que no, intenta mantener actividades, como por ejemplo aprovechar para leer sobre formación de tu trabajo, escribir, hacer algún curso on line gratuito, es decir, dedicar unas horas a la formación y el enriquecimiento, ya sea leyendo, escribiendo o aprendiendo de algún modo.
  3. Horario del sueño: es crucial no descuidar nuestros horarios de sueño, de esta manera, evitaremos posibles complicaciones futuras. Intenta mantener la hora de acostarte y de levantarte, apaga aparatos a tu alrededor y concéntrate en cuidar ese espacio para relajarte y conciliar el sueño.
  4. Realiza algo de actividad física: el estar todo el día sentados de manera sedentaria puede pasarnos factura. Por ello, es importante realizar algo de actividad física, aunque sea mínima, ya que, de manera habitual, al menos, caminamos para ir de un lugar a otro. Realiza algunos estiramientos para evitar contracturas, controla tu respiración para rebajar los niveles de ansiedad, y si te ves con ganas, puedes utilizar los muchos vídeos que existen en diversas plataformas como youtube para realizar ejercicios físicos. El ejercicio ayudará a tener más controladas las sensaciones de ansiedad y te sentirás más activo y de mejor humor.
  5. Cuida la alimentación: de todos es sabido que confundir hambre con aburrimiento, es de lo más común. Es importante en estos días cuidar la alimentación, tendremos más tiempo para cocinar, elaborar comidas caseras, etc. Sabemos que la alimentación rica en azúcares y grasas saturadas aumenta nuestros niveles de angustia y viceversa, cuando estamos más agobiados, tendemos a recurrir a este tipo de productos. Aunque sabemos que es inevitable el picoteo, sería importante mantener una alimentación rica en frutas, verduras y legumbres, para que nuestro organismo se encuentre activo y saludable.
  6. La importancia del aburrimiento: el aburrimiento es crucial para aumentar la creatividad. Vivimos en una sociedad en la que estamos sobreestimulados y multitarea. Este es un buen momento para cultivarnos, prestarnos atención, estar con nosotros mismos, recuperar aficiones perdidas como la lectura, la pintura, la escritura, tocar un instrumento, hacer ganchillo, hablar con nuestros seres queridos, desarrollar actividades nuevas, ayudar en los que nos sea posible, estudiar, enriquecernos con el arte, la poesía, la música, el cine, en definitiva, aprovechemos este tiempo de parón para el enriquecimiento.
  7. Apaga dispositivos y aparatos: estar todo el día conectados e hiperconectados no hace más que alimentar nuestro estado de alarma y angustia, y puede acabar agotándonos. Es muy importante estar informados, pero no continuamente. Cambia horas de televisión y móvil por otras actividades.
  8. Mantén la actividad social: gracias a las nuevas tecnologías podemos mantener el contacto con nuestros familiares y amigos. Realiza video llamadas a tus familiares y amigos y mantén conversaciones que no giren constantemente alrededor del tema del coronavirus.
  9. Cuida tu espacio: es crucial cuidar de nuestra intimidad, por lo que todos necesitaremos tiempo y espacio a solas para estar con nosotros mismos o desarrollar tareas al margen del resto de personas que estén en casa, sea familia o pareja. Hay que entender que el estar en pareja no implica estar todo el tiempo juntos haciendo lo mismo, y es muy importante mantener los espacios individuales para poder estar bien con la otra parte de la pareja.
  10. Mantén ordenada tu casa: mantener el orden de nuestro entorno y espacio, también nos va a ayudar a mantener nuestro orden mental. Muchas veces, nuestra habitación o casa, refleja cómo nos encontramos a nivel emocional. No es lo mismo enfrentarnos a una cocina llena de cacharros amontonados y sin fregar, a una cocina limpia y ordenada, y así, con todas las estancias de la casa.

En PsicoTorres continuamos atendiendo de manera on line. Si necesitas de nuestra ayuda en estos momentos, nuestro equipo estará encantado de acompañarte.

Puede ponerte en contacto en el 652123336 y te informamos de todo. Quedamos a vuestra disposición. Mucho ánimo a tod@s!!

PorDra. Carolina Torres

EL PROBLEMA DE LAS REDES SOCIALES

Hoy en día, la importancia de nuestra imagen en la sociedad occidental es altísima. Nos bombardean con imágenes de lo que deberíamos ser y cómo. Podemos pasar mucho tiempo cuidando de que nuestra imagen se adapte a esos cánones impuestos por la sociedad, mirándonos en el espejo, ya sea real o virtual, como en el caso de las redes sociales.

En “Tótem y Tabú” hablaba Freud del sentimiento de pertenencia, esto es algo que aparece candente en nuestra sociedad, y por tanto, en las redes sociales. De manera que existen grupos a los que unirte que comparten ideas similares a las nuestras. Como dice Freud en su texto “Tótem y Tabú”: “Kinshi, significa formar parte de una sustancia común, y en esa sustancia común está nuestro uso del ciberespacio.

necesitamos vernos reflejados para encontrar nuestra identidad, y así formarnos el reflejo que queremos que los demás vean.

 

Las redes sociales son un espacio en el que mostrarte, pero mostrar aquello que tú eliges, para dar cierta imagen real o no de uno mismo. Colgamos fotos de nuestra vida y en el apartado llamado “estado” lo utilizamos de diferentes formas: como espacio de reflexión, reivindicativo, para pedir consejo, para explicar cómo nos encontramos, para llamar la atención…incluso hay personas que actualiza dicho estado constantemente y cuentan hasta lo que van a comer, cómo se han duchado o lo que están haciendo en cada instante.

Pero lo realmente relevante de las redes sociales no es lo que exponga, sino cómo los demás reaccionan a los comentarios que posteamos o fotos y así poder comprobar el efecto que tenemos en los demás. Es decir, el Otro (en este caso virtual), es el que nos va a devolver la imagen de cuán guapo, listo o fuerte soy, etc.

De manera que así, la persona es el centro de la experiencia, porque lo que le lleva a invertir más tiempo en las redes sociales. Así, en esta virtualidad, la persona entraría de manera inconsciente en un juego donde el anonimato y el uso de su falso self serían de alguna forma el objeto narcisista de placer y los amigos, serían el objeto de amor.

Hablamos de ese “yo virtual” que mostramos, que no deja de ser nuestro “ideal del yo”. La formación del ideal del yo parte de la influencia crítica de los padres, a la que en el tiempo se suman educadores, maestros, y todas las otras personas del medio, incluyendo claro está, la presión social.

Esta utilización feroz del espacio virtual como extensión de nuestra realidad, se ha vuelto tanto moda como necesidad, fruto de nuestra cultura, y constituye una respuesta ante el malestar en la cultura, ya que es una forma de evasión del día a día en la que encuentras libertad para hacer y ser quien quieras ser.

Este espacio virtual provee de una pertenencia al grupo, mundo, etc y le da cierta identidad, ya que en el mundo virtual podemos fingir ser lo que se nos ocurra, y ambas personalidades coexisten al mismo tiempo: la real y la virtual, por lo que nos puede generar ciertos problemas de identidad.

Además, vivimos en la era de lo instantáneo, hoy día tenemos lo que deseamos en un solo clic. La velocidad se ha convertido en nuestra bandera. Hoy día todo conspira contra e descanso y la lentitud, que hoy representan sendos equivalentes del fracaso. Hasta el ocio se ha convertido poco a poco en una obligación inexcusable que no se puede postergar.

Tal y como apunta el psiquiatra Fernando Colina, la aceleración del tiempo nos obliga a no rendir en el deseo, a mantenerlo siempre despierto y a quejarnos como nunca de sus momentos de flaqueza, a los que llamamos “depresión”, experiencia que ha alcanzado la categoría de síntoma por excelencia en la era moderna.

Además, hoy día el deseo se vive al desnudo, cada vez la censura es menor y mucho menos en los espacios virtuales. Regalamos nuestra intimidad a personas y empresas que desconocemos.

 

Gracias al anonimato que proporciona el ciberespacio, se pierden los límites habitualmente seguidos. De manera que podemos dar rienda suelta a nuestro Ello, dotándole de la posibilidad de satisfacción pulsional, de descarga de tensión. Como todo se desarrolla en un universo virtual, la percepción de las posibles consecuencias de los actos se nota lejana, a tal grado que el Súper Yo puede relajarse y permitir el fortalecimiento del Ello a la par que una disolución del yo individual, a favor de una estructura de masas.

Freud, en su escrito “Psicología de las masas y análisis del yo” habla de la inhibición de lo intelectual y la intensificación de lo afectivo, lo que se pone de manifiesto también en las redes sociales, que la guía que motiva al individuo a actuar es de tipo más emocional que racional.

Además, esta necesidad casi a veces compulsiva de mantener actualizada nuestra presencia en el ciberespacio, va limitando nuestra personalidad, y también nuestra libertad, en tanto esa actualización requiere tiempo y energía física. De hecho, esta afición a las redes sociales puede llegar incluso a generar cierta sensación de “peligro” si uno decide abandonarlas, en tanto que eso implicaría nuestra desaparición del universo…del universo virtual pero que en la mente del individuo se va equiparando cada vez más al real.

 

 

Todo ello está llevando a que nuestra capacidad de frustración se vaya minimizando a pasos agigantados, ya que nos vamos acostumbrando a tenerlo todo a un “click”.