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PorDra. Carolina Torres

Abuso Infantil

El abuso sexual infantil es un problema que se ha presentado a lo largo de la historia en diferentes culturas, clases sociales, niveles educativos, grupos religiosos y étnicos. Durante muchos años nuestra sociedad ha estado dormida ante una problemática que de manera perjudicial afecta a nuestra niñez y a nuestras familias en general, y sólo hasta hace poco se ha comenzado a hablar del tema, causando un gran impacto e incredulidad en todas las personas.

Los abusos sexuales son atendidos por una gran variedad de profesionales (médicos, trabajadores sociales, psicólogos, policías, abogados, forenses y jueces). Cada uno de ellos tiene preferencia por nombres específicos, tales como ataques al pudor, estupro, violación, sodomía, pedofilia, pederastia, incesto, etc., no siempre mutuamente excluyentes y, en ocasiones, un tanto eufemísticos. Esta amplia terminología, que ha invadido la literatura médica, crea cierta incertidumbre en el profesional sanitario.

Según la definición de la OMS (1986), la explotación sexual de un niño implica que éste es “víctima de un adulto, o de una persona evidentemente mayor que él, con fines de satisfacción sexual. El delito puede tomar diversas formas: llamadas telefónicas obscenas, ultraje a pudor, voyeurismo, violación, incesto, prostitución de menores”.

El abuso sexual comprende la violación (penetración en vagina, boca o ano con el pene, dedo o con cualquier objeto sin el consentimiento de la persona), el contacto genitaloral, las caricias (tocar o acariciar los genitales de otro, incluyendo la masturbación forzada para cualquier contacto sexual sin penetración), el obligar a que el niño se involucre en contactos sexuales con animales, el obligar a los niños a ver actividades sexuales de otras personas, las peticiones sexuales, el voyerismo, el exhibicionismo (mostrar los genitales de manera inapropiada), y también incluye la explotación sexual infantil (implicar a menores en conductas o actividades que tengan que ver con la producción de pornografía o promover la prostitución infantil o el tráfico sexual). En ocasiones se habla de agresión sexual cuando se añade un componente de violencia al abuso sexual.

Tipos de abuso sexual

Se podrían definir cuatro tipos de categorías con respecto a las conductas físicas:

  • Incesto: contacto físico sexual que se realiza por parte de parientes cercanos de la victima
  • Violación: cuando el abuso es cometido por un extraño
  • Vejación sexual: cuando el contacto sexual se realiza por el tocamiento intencionado de zonas erógenas del niño o para forzarlo, alentar o permitir que este lo haga en las mismas zonas del adulto
  • Abuso sexual sin contacto físico: seducción verbal, exposición de los órganos sexuales y la auto-masturbación en presencia del niño con el objeto de buscar gratificación sexual.

Fases del abuso sexual

Según afirma Galdós (1999) es posible detectar 3 fases principales en el desarrollo del abuso sexual infantil, a saber:

  • Fase de Inicio o “enganche“: Cuando el abusador logra establecer con su víctima un nivel de acercamiento y se asegura que éste no contará a nadie el contacto establecido. En esta fase el niño, dependiendo de la edad que tenga, se encuentra confundido y por lo general no entiende lo que ocurre.
  • Fase de Continuidad: Una vez asegurado el silencio e la víctima, el abusador buscará sinnúmero de ocasiones para estar juntos, aumentando el abuso sexual, pudiendo llegar hasta la penetración. En esta fase dependiendo de la edad del niño es posible que trate de evitar la presencia del abusador, lo cual puede tomarse como un indicador del abuso.
  • Evidencia o Confirmación: Se produce de manera abrupta, y es cuando el abusador es sorprendido o porque la víctima cuenta lo que ha ocurrido. Es la fase de mayor tensión en la familia de la víctima, generalmente reaccionan de manera violenta contra el abusador, pero también es muy frecuente que interroguen de manera incisiva al niño/a, situación que lo/a confunde más acentuándose los sentimientos de culpa.

Indicadores del abuso sexual

Es posible descubrir que un niño ha sido abusado sexualmente, en especial si es menor de 7 años, cuando su comportamiento no corresponde a su edad ni a las costumbres de la casa, sea porque muestran curiosidad en extremo o porque hacen preguntas o comentarios sobre sexo (no esperables a su edad).

  • A nivel Físico: Embarazo, enfermedades de transmisión sexual, irritaciones o malestar en los genitales, aseo constante de los genitales o se niega a hacerlo; dolor al orinar, infecciones genitales frecuentes.
  • A nivel Psicológico: Se detecta depresión, pérdida del apetito, disminución del rendimiento escolar, rabia u hostilidad o comportamiento sexual inadecuado a la edad.
  • A nivel Comportamental: Puede huir de la casa, presentar conductas regresivas, es decir, comportarse en un nivel de desarrollo anterior al actual.

Consecuencias del abuso sexual infantil a corto plazo

Físicas:

  • Pesadillas y problemas de sueño.
  • Cambio de hábitos de comida.
  • Pérdida de control de esfínteres.psicoterapia

Conductuales:

  • Consumo de drogas y alcohol.
  • Conductas autolesivas o suicidas.
  • Bajada del rendimiento académico.

Emocionales:

  • Miedo generalizado.
  • Culpa y vergüenza.
  • Depresión, baja autoestima y sentimientos de estigmatización.
  • Rechazo al propio cuerpo.
  • Síndrome de stress postraumático.

Sexuales:

  • Conocimiento sexual precoz o inapropiado de la edad.
  • Masturbación compulsiva.
  • Problemas de identidad sexual.

Sociales:

  • Déficit en habilidades sociales.
  • Retraimiento social.
  • Conductas antisociales.

 Consecuencias del abuso sexual infantil a largo plazo

Aunque no existe un cuadro diferencial del abuso sexual infantil, hay consecuencias de la vivencia que permanecen o, incluso, pueden agudizarse con el tiempo, hasta llegar a configurar patologías definidas.

A continuación, se enumeran algunas de las consecuencias a largo plazo que puede vivir un niño o niña víctima de abuso sexual.

Físicas:

  • Dolores crónicos generales.
  • Hipocrondría o trastornos psicosomáticos.
  • Alteraciones del sueño y pesadillas recurrentes.
  • Problemas gastrointestinales.
  • Desórdenes alimentarios, especialmente bulimia.

Conductuales:

  • Intentos de suicidio.
  • Consumo de drogas y alcohol.
  • Trastorno disociativo de identidad.

 Emocionales:

  • Depresión.
  • Baja autoestima.
  • Síndrome de estrés postraumático.
  • Dificultad para expresar sentimientos.

Sexuales:

  • Fobias sexuales.
  • Disfunciones sexuales.
  • Falta de satisfacción sexual o incapacidad para el orgasmo.
  • Alteraciones de la motivación sexual.
  • Dificultad par establecer relaciones sexuales, autovalorándose como objeto sexual.

Sociales:

  • Problemas de relación interpersonal.
  • Dificultades de vinculación afectiva con los hijos.
  • Mayor probabilidad de sufrir revictimización, como víctima de violencia por parte de la pareja.

El papel de la familia es esencial en la recuperación del niño: si le creen desde el primer momento y le apoyan, constituyéndose en modelo y referente afectivo alternativo, el menor se recuperará antes y mejor que en caso contrario.

¿Cómo detectar un caso de abuso?

  1. Indicadores físicos: aunque con frecuencia los abusos sexuales no producen lesiones físicas, entre los indicadores y lesiones de este tipo de abuso se encuentran el sangrado en genitales o ano, las fisuras anales, los moratones, la infección urinaria y el dolor al sentarse o andar. Entre los indicadores físicos están, también, los problemas del sueño o alimentación y el embarazo en adolescentes.
  2. Conductas: aislamiento social, desconfianza relacional, conocimiento y/o práctica de conductas sexuales no propias de la edad, lenguaje sexual, masturbación excesiva, agredir a otros, delincuencia y uso de drogas en la adolescencia, problemas escolares, etc.
  3. Emociones: síntomas de ansiedad, terrores nocturnos, depresión, sentimiento de culpa, miedo a los adultos o a un adulto específico, agresión, conflictos con la familia o amigos. 

¿Qué hacer ante un posible caso de abuso?

Los expertos formulan las siguientes recomendaciones:

  1. Propiciar la confianza de los niños y escucharles. Padres y educadores deben animarles a hablar
  2. Creer al niño. No hay que cuestionar la veracidad de los hechos porque cuando los niños cuentan un abuso, no mienten prácticamente nunca.
  3. Decirle que no es culpable. Casi siempre muestran sentimientos de culpabilidad, por lo que es muy importante dejarle claro que él no tiene ninguna culpa, que el responsable es el agresor.
  4. Hacer que se sienta orgulloso por haberlo contado. Quienes comunican estos hechos son valientes.
  5. Asegurarle que no le ocurrirá nada, que el abuso no se repetirá y no habrá represalias.
  6. Decirle que saldrá adelante.
  7. Expresarle afecto. Necesitan sentirse seguros y queridos, sobre todo en situaciones traumáticas como en los casos de abusos sexuales.
  8. Hablar de lo ocurrido y del agresor. El niño debe reconocer sus sentimientos. Hay que animarle a hablar del abuso y hablar del agresor como alguien que necesita ayuda.
  9. Comunicar el abuso a la familia o a los Servicios de Protección de Menores. Hay que informar a la familia de lo ocurrido cuanto antes, para que busquen la ayuda necesaria y protejan al niño para que el abuso no vuelva a producirse. Si el abuso es intrafamiliar, se debe informar a un familiar directo diferente del agresor. En estos casos conviene seguir el caso, llamando a la familia o concertando entrevistas con ella para comprobar si está intentando resolver el problema o si se está ocultando o negando, como ocurre muchas veces.
  10. Acudir a un profesional de la salud mental para tratar el caso y así gestionar de una manera eficaz el manejo de emociones, de sentimientos y los esquemas inconscientes formados.

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